Oscuro
manos negras que penetran en el rojo
vapor
blanco y mortecino
escapándose del cuerpo turbio
sin alma, que lo apresa
lo cambia
lo deforma sin vuelta atrás.
Los árboles lloran
mientras mi lengua se revuelve
dejándome muda
con la respiración intrincada
llenándome de la impotencia
con las manos llenas
talladas en piedra.
El pasado vuelve una y otra vez
para demostrarme su determinación
su alma invariable
repitiéndose en el infinito
para que yo, impasible
llore mis puños de mármol.
Y todo sucede
el negro a punto de teñirse de rojo
mis gritos ahogados
mis párpados cobardes
que se niegan a descubrir la verdad
para simplemente abrir los ojos
y encontrar un televisor apagado
contra mi cuerpo trémulo.
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