Hoy es uno de esos días donde todo está chorreado. Donde re descubro, olvido, aprendo, sufro, pienso. No lo puedo determinar como esos días, donde todo es la oscuridad iluminada danzando frente a tu cara con risas malévolas que se mofan del infortunio. Pero está cerca. Digamos que el circo todavía no desgarró las ilusiones y que las huellas sensoriales están demasiado húmedas como para ser olvidadas.
Digamos, como dijimos, como dije, con esta voz de ilusión resurgida de ultratumba, que todo chorrea. Mi cuerpo se deshace en el agua del sudor, mi energía se resbala por el suelo y tu olor todavía me baña alimentando el desconsuelo. Nunca te lo dije, pero desde que te conozco se me agudizó el olfato -aunque completamente selectivo-. Es más, incluso he sentido como mi nariz chorrea prolongándose con el único afán de buscar bajo la gruesa capa de contaminantes las moléculas testigos de nuestra efímera cercanía.
A veces tanto perfume, tanto olor, tanto espeso es demasiado y poco a poco me aplasta, me destruye... empiezo por perderme y ya no sé si soy mano, pierna, ojos, aire o pecho. Tanto chorreo que me diluyo en la atmósfera que me instigaste con tu absolutismo. Y del todo me pierdo y olvido, y en el oxígeno dibujo estrellas, y veo pelos pétalos que ya son agua en el centro de la calle. Me persigo a mi misma y me siento perseguida en un abrazo constante con la calidez de lo que fuiste y que ahora soy.
Queseyó. Hoy es uno de esos días donde estoy todo chorreado.
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